“Como dos imanes que se atraen, e inevitablemente tienden a acabar juntos, tarde o temprano. Cabezones, intentan alejarse, volviendo a equivocarse, si no es uno, es otro, siempre ocurre algo, siempre hay una razón que hace que uno de los dos se enfade con el otro, sin embargo, con la misma facilidad, vuelve a aparecer la razón que los hace volver a besarse. Podría enumerar todos sus mosqueos, todos sus berrinches, todos sus “ahora no hablo”, pero seguramente sería mucho más extensa la lista de miradas, besos, palabras que menos que más bonitas, las visitas inesperadas, o los pequeños detalles que solo el uno conoce del otro”
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