
"Allí estaba mi nombre en luces de neón. Yo dije, “Dios, alguien debió cometer un error”. Pero ahí estaba, en luces. Me senté y dije “Recuerda, no eres una estrella.” Y aún lo pude ver en luces también". "Sabía que pertenecía al público y al mundo, no porque tuviese talento o fuese hermosa, sino porque nunca antes había pertenecido a nadie ni nada".
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